He visto el cautiverio de tus hijos
al punto que del ser nada me asombre,
en cárceles de lóbregos prolijos
donde con trémula alma holga en hombre.
En las exequias he visto el placer
de quienes ansían ceñir la muerte,
ante el agudo espanto padecer
por legamos que el plàcet en ellos vierte.
Quebrados he visto en atroz martirio
esperanzas de místicos santuarios,
conjurado sal tiempo, magros cirios,
ahogados por argucias y sudarios
Cuantas visiones hacinan la espera
nostalgia réproba, desconocida,
henchida gravidez de las cadenas,
pecados sin alma, alma sin vida.
¿Dónde engendra la injuria su amargura
cuando sopla y marchita nuestro tiempo?
¡como azota este mal que ya perdura!
¡como expiran los ojos del lamento!

No hay comentarios:
Publicar un comentario