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miércoles, 27 de octubre de 2010

Cautiverio

He visto el cautiverio de tus hijos
al  punto que  del  ser  nada me  asombre,
en cárceles de lóbregos  prolijos
donde con trémula alma holga en hombre.

En  las  exequias he visto el  placer
de quienes ansían ceñir la muerte,
ante el agudo espanto padecer
por  legamos que el plàcet en  ellos vierte.

Quebrados he visto en atroz martirio
esperanzas de  místicos santuarios,
conjurado  sal tiempo, magros  cirios,
ahogados por argucias y sudarios

Cuantas visiones hacinan la  espera
nostalgia réproba,  desconocida,
henchida gravidez  de  las  cadenas,
pecados  sin alma, alma  sin vida.

¿Dónde engendra la  injuria su amargura
cuando sopla  y marchita nuestro tiempo?
¡como azota este mal que ya perdura!
¡como  expiran los ojos  del lamento!

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