A Mirurgia
Poema escrito eternamente a ella
y la esperanza de inmortalizar su beso.
Silencio solicito a la mañana
al céfiro no dancen los ramajes,
matiz de la luz bordado en la esperanza
callados queden los trinos que se afanan
al cielo colorar con sus tonadas
al resplandor armónico del alba
ufania de colinas y montañas.
Silencio solicito a la mañana:
al maternal arrullo de las palmas
entre músicas de arpas y salterios
a la voz de florestas y sabanas,
al torrente cristal donde se mira
la luna en noches desiertas y el sol
brilla como oro en el cuello de una dama.
Silencio solicito a la mañana:
que el celaje interrumpa la partida
inerme niebla aguarde en las praderas
sabaticen los ángeles sus alas
panes y peces, señor, no se esparzan,
detenido en el mar quede el milagro
y camine su beso sobre el agua.
Silencio solicito a la mañana:
al elíseo sitio donde almas
la enamorada sonrisa no espanta;
al silbador de indulgencias malsanas
cual fementido espectro disfrazado
crueldad del miedo a lagrimas audaces
que bautizan las horas matinadas.
Silencio solicito a la mañana:
las flores al rocío no se rasguen,
un instante sin cantos ni palabras
y el tiempo detenido ante estas ganas.
Solo fervor, sus labios y mi calma.
Silencio al Dios de las alturas
para sentir el beso de mi hermana

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