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miércoles, 27 de octubre de 2010

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A Mirurgia
Poema  escrito  eternamente a  ella 
y la  esperanza de inmortalizar su beso.


Silencio  solicito a  la  mañana
al  céfiro  no  dancen los  ramajes,
matiz de la  luz bordado en  la esperanza
callados queden los trinos que se  afanan
al  cielo  colorar  con sus tonadas
al  resplandor  armónico  del alba
ufania de colinas y montañas.
Silencio  solicito a  la mañana:
al maternal  arrullo de las  palmas 
entre músicas de arpas  y salterios
a  la voz de  florestas y sabanas,
al torrente cristal donde se mira
la  luna en  noches desiertas y el  sol
brilla como oro en  el  cuello  de una dama.

Silencio  solicito a la  mañana:
que  el celaje interrumpa la partida
inerme  niebla aguarde  en  las  praderas
sabaticen los ángeles  sus alas
panes  y peces, señor, no se  esparzan,
detenido  en el mar quede el  milagro
y camine su beso  sobre el  agua.


Silencio  solicito  a  la  mañana:
al elíseo sitio  donde  almas
la enamorada  sonrisa  no espanta;
al silbador  de indulgencias malsanas
cual fementido espectro  disfrazado
crueldad del miedo  a lagrimas  audaces
que bautizan  las  horas matinadas.
Silencio  solicito a  la mañana:
las flores  al  rocío  no  se rasguen,
un instante sin cantos ni  palabras
y el   tiempo  detenido ante estas ganas.
Solo fervor, sus labios  y  mi calma.
Silencio al Dios de  las  alturas
                                                     para sentir  el  beso de  mi hermana

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