Cualquier cárcel de Cuba, 04:45 horas
La tonfa golpea los candados de las celdas para hacerlo chocar contra las puertas de hierro. El sonido estridente pone fin al único momento de paz de los prisioneros, el sueño. Los inadaptados saltan como resortes de las literas, los veteranos continúan entre el sueño y la vigilia hasta que pasado algunos minutos el grito oprime el espacio:
¡Destacamento firmes!
Esta vez todos los prisioneros se incorporan vestidos dando paso al primer terror del día: el recuento. Se abren y cierran las rejas. A medida que se acerca el sonido metálico cada recluso se percata de la proximidad de los uniformados. La escuadra de guardias se distribuye la tarea de recordar a los prisioneros que se encuentran atados al dominio de su inseguro poder.
Dos guardias cuentan cada uno de los presos, otros dos habilitados con cabillas de hierro golpean los balostres de las ventanas para asegurar que no se encuentren lesionadas. El jefe se encarga de combinar las acciones con voces ofensivas:
-Arriba muchachas pónganse la blusa. Esas p… que hablan. Las manos atrás m…
Comienza el aseo con el agua almacenada en pomos plásticos. Pasada media hora comienza el abrir y cerrar de rejas, esta vez para distribuir el desayuno. En fila salen de cada celda los quince o veinte presos confinados en ellas. Al final de la galera el reo que distribuye la tizana advierte otro día sin pan.
Vuelven los presos a sus literas para engañar al hambre con el sueño ya difícil de conciliar.
Afuera el sol nace en sentido opuesto temeroso de irrumpir en el reino de la oscuridad. El espacio se convierte en nada y el silencio en pequeñas tertulias que se terminan en discusiones a medida que avanza la conversación. Se esparcen como zumbido los miles de diálogos que salen de las celdas para apresar el aire ralentizado por el hacinamiento.
Rompe la rutina los funcionarios del orden para advertir la llegada de visitantes interesados en conocer las condiciones en que conviven los prisioneros. A pesar de la escasez de agua los confinados lustran las paredes mugrientas de los baños colectivos, organizan y recogen sus pertenencias acomodando las celdas para que no se eche a ver el poco espacio para la convivencia en ellas. Cuando todo esta listo el funcionario de la galera pasa inspección y acomoda las impertinencias.
Los visitantes llegan afirmando las mentiras gubernamentales sobre los derechos del preso. Cada encarcelado conoce que no puede abordar a los “compañeros” con quejas, las consecuencias han sido explicadas infinidades de veces con medidas punitivas en contra del crítico. La visita de dura cinco minutos imagino que el informe realizado por los visitadores le lleve mas tiempo confeccionarlo.
Al mediodía la fila de cuerpos febles imitan la acción del desayuno. Salen de las celdas en busca del almuerzo con ojos ansiosos de borrar el hambre de sus pensamientos. La ración no alcanza para eliminar el apetito pero eso no es lo importante. Lo vital es que no haya ningún alimento descompuesto que ponga a la mayoría en los excusados y sin remedios para la indigestión.
La tarde imita la rutina de la mañana; con suerte los prisioneros saldrán a tomar sol, estirar las piernas, conversar al aire libre. Si no se puede el funcionario dará la explicación pertinente.
- Reclusos, no hay sol-.
Sin salir de la celda la tarde se extiende hasta el horario de comida. Otra vez salen los reos de sus celdas con los pozuelos plásticos en la mano a buscar los setenta gramos de arroz, caldo y picadillo vegetal o algún invento que propicia el ahorro. Termina entonces el compromiso gubernamental de alimentar a los cuerpos almacenados.
Con el fin de la tarde llegan las horas temidas por los frágiles, el hambre acumulada durante el día se multiplica. Unos observan los movimientos ilegales para acumular delaciones premiadas con posiciones de mando sobre los reclusos, otros relajan su cuerpo ante intensiones morbosas exacerbándose el fuego del infierno.
La noche enciende la penumbra en las celdas y pasillos de las galeras. Lectura, juegos prohibidos, drogas, alcohol y las dos horas de televisión aprobadas para ver el noticiero oficial y la novela de turno.
Consumido el tiempo a las 22:00 horas se escucha el grito del recuento.
- ¡Destacamento firme!-
Se repite el episodio de la mañana, esta la orden es apagar las luces, dormir.
A la 01:00 hora se escucha gritos y golpes en la reja de la celda. Quienes se levantan abruptamente terminan regresan al sueño. El ruido llega de un prisionero que urge asistencia médica. Pasara tiempo antes de ser atendido, algo común no alimenta el desvelo.
- ¡Destacamento firmes!
Todos se levantan soñolientos en espera de ser contados. El día comienza con la noticia de la muerte por infarto masivo del reo que intentaba llamar la atención en la madrugada. La confidencia se expande sin comentarios por la presencia de los uniformados y el convencimiento de que el mayor legado de la muerte dejar sin libertad a los vivos.

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