Powered By Blogger

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Un dia de carcel

 Cualquier cárcel de Cuba, 04:45 horas

La tonfa golpea los candados de las  celdas para hacerlo chocar contra las puertas de hierro. El  sonido estridente  pone fin al único momento  de  paz  de los prisioneros, el sueño. Los inadaptados saltan como resortes  de las  literas, los  veteranos  continúan entre el  sueño y la vigilia hasta que pasado algunos minutos el grito oprime el espacio:

¡Destacamento firmes!

Esta vez  todos  los prisioneros  se  incorporan vestidos dando paso  al primer terror del  día: el recuento. Se  abren y cierran las rejas. A medida que se acerca el  sonido metálico  cada  recluso se percata de la proximidad de los uniformados.  La escuadra de guardias  se distribuye  la  tarea de  recordar a  los  prisioneros que  se encuentran atados al  dominio de su inseguro poder.

Dos guardias cuentan cada uno de los  presos, otros dos habilitados con cabillas de hierro  golpean  los  balostres de las ventanas para asegurar que no se encuentren lesionadas. El jefe se  encarga de combinar las acciones con voces ofensivas:

-Arriba muchachas pónganse la  blusa. Esas p… que hablan. Las  manos atrás m…

  Comienza el aseo con el agua almacenada en pomos  plásticos. Pasada media hora comienza el abrir y cerrar de rejas,  esta  vez para distribuir el desayuno. En fila salen de cada celda los quince o veinte presos confinados  en  ellas. Al  final  de la  galera  el reo que distribuye la tizana advierte otro día sin pan.

Vuelven los presos a sus literas para engañar al hambre con  el  sueño ya difícil de conciliar.

Afuera el sol  nace en sentido opuesto temeroso de  irrumpir en el reino  de la  oscuridad. El espacio se convierte en nada y el silencio en pequeñas tertulias que se terminan en discusiones a  medida  que  avanza  la  conversación. Se esparcen como  zumbido los  miles  de diálogos que salen de  las  celdas para  apresar  el  aire ralentizado por  el  hacinamiento.

Rompe  la  rutina los funcionarios del  orden para advertir la llegada  de visitantes interesados  en conocer las  condiciones  en que conviven los  prisioneros. A pesar de la  escasez de agua los confinados lustran las  paredes mugrientas de los  baños colectivos, organizan y  recogen  sus  pertenencias acomodando  las celdas para que no se eche a ver el poco espacio para  la convivencia  en ellas. Cuando todo esta  listo el  funcionario de la  galera pasa  inspección y acomoda las  impertinencias.

Los  visitantes llegan  afirmando las  mentiras gubernamentales  sobre  los derechos del  preso. Cada encarcelado conoce  que no puede abordar a  los “compañeros”  con quejas, las  consecuencias han sido explicadas infinidades de veces con medidas punitivas en  contra del  crítico. La  visita de dura cinco minutos imagino que el  informe realizado  por  los  visitadores le  lleve mas  tiempo confeccionarlo.

Al  mediodía la  fila de  cuerpos  febles imitan  la acción del desayuno. Salen de las celdas en busca del almuerzo con ojos ansiosos  de borrar el hambre de sus pensamientos. La ración no alcanza  para  eliminar  el  apetito pero  eso  no es lo importante. Lo vital  es  que no haya ningún  alimento descompuesto que ponga a la  mayoría en los excusados y  sin remedios  para la indigestión.

La  tarde imita la rutina de la  mañana;  con suerte los  prisioneros saldrán a  tomar  sol, estirar las  piernas, conversar al  aire libre.  Si no se  puede el  funcionario dará la explicación pertinente.

- Reclusos, no hay sol-.    

Sin salir de  la  celda  la tarde se extiende hasta el horario de comida. Otra vez  salen  los  reos de sus  celdas con los  pozuelos  plásticos  en  la  mano a buscar los setenta gramos de arroz, caldo y  picadillo vegetal o algún invento que propicia  el  ahorro. Termina entonces el compromiso gubernamental de alimentar a los cuerpos almacenados.

 Con el fin de la  tarde llegan las  horas temidas por los frágiles,  el hambre acumulada durante el día  se multiplica. Unos observan los movimientos ilegales para acumular  delaciones premiadas con posiciones de  mando sobre los reclusos, otros relajan su cuerpo ante intensiones morbosas exacerbándose el  fuego del  infierno.

La  noche enciende la penumbra en las  celdas  y pasillos de  las  galeras. Lectura, juegos prohibidos, drogas, alcohol  y  las  dos  horas de televisión aprobadas para ver el  noticiero oficial y la  novela de  turno.

Consumido  el tiempo a las 22:00 horas se escucha el  grito del  recuento.

- ¡Destacamento firme!-

Se repite el  episodio de  la  mañana, esta  la  orden es apagar las luces, dormir.

A la  01:00 hora se escucha gritos y golpes en la  reja  de  la  celda. Quienes se levantan abruptamente terminan regresan al  sueño. El ruido llega de un prisionero que urge asistencia médica. Pasara tiempo antes de ser atendido, algo  común no alimenta el desvelo.

- ¡Destacamento firmes!

Todos  se  levantan soñolientos en espera de ser contados. El día comienza con la  noticia de la  muerte por infarto masivo  del  reo  que intentaba llamar  la  atención en la  madrugada. La confidencia se expande sin comentarios por la  presencia de los  uniformados  y  el convencimiento de que el mayor  legado de la  muerte dejar sin libertad a los vivos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario