Centro Habana 4 de noviembre de 2010. Minutos antes de entrar en la escuela Gabriela la hija de mí esposa decide regresar a la casa acompañada de la amiga con el fin de recoger el material de estudio olvidado. Como aun tenia tiempo decidieron no apresurarse y tomar por el camino mas transitado. Ambas se sorprendieron cuando el joven de unos veinte años que antes habían visto merodeando el Instituto Preuniversitario “Arístides Viera”, se cruzo en su camino. Sin dejarle espacio a reaccionar, el ladrón se abalanzo sobre el cuello de Gabriela para arrebatarle la fina cadena de oro que llevaba en su cuello. El grito de espanto provoco la huida del asaltador que corría con el dije como premio de su fechoría dejándole desgarrada la camisa de uniforme escolar, un moretón en el cuello y el trauma en la adolescente.
Media hora después estábamos en la Quinta Estación de la Policía para realizar la denuncia. Allí nos enteramos que el delito se estaba repitiendo con frecuencia preocupante para las autoridades.
Aun cuando no se publican los sucesos en la prensa oficial por su connotación los pobladores de ciudad conocen de hechos como el asalto a la cafetería “El Becerra” del municipio playa ubicada en 70 y 19 donde propinaron catorce puñaladas al dependiente ocasionándole la muerte, pocos días después el asalto del trabajador de la Hamburguesera del conocido puente Almendares del mismo municipio al que hirieron con dos puñaladas para arrebatarle 500 pesos, los asaltos a los ómnibus urbanos y otros que describen la ola de violencia desatada el ultimo mes en la capital del país.
Las autoridades gubernamentales afirman que la delincuencia es un fenómeno extraño al socialismo devenido de formas sociales pasadas y es precisamente el socialismo el sistema capaz de erradicar este mal. Para combatir este fenómeno que afecta al universo, en 1999 el gobierno recrudeció el Código Penal agravando las penas de varias figuras delictivas. Por aquel entonces publique varios artículos sobre el error de poner en riesgo la correlación delito-sanción y las valoraciones circunstanciales del delito. Diez años después las consecuencias están latentes en la medida que el robo estrecha vínculos con la violencia que ejerce el comisor del delito para evitar ser incriminados.
El aumento del desempleo y la incertidumbre económica que vivimos los cubanos provocan desconciertos sociales que superan la represión y el castigo por parte de las autoridades. Los cubanos esperamos que continué elevándose el índice de criminalidad en el venidero año sin la debida respuesta del gobierno que jugo la carta errada con el recrudecimiento del Código Penal para omitir las verdaderas medidas que restauran la economía del país y purifican la sociedad.

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