Con frecuencia escucho comentarios sobre la añoranza de la década del 1970 hasta los primeros años de 1980 en Cuba como si se tratara de una época de vacas gordas. Resulta incompresible aunque quienes vivimos en la isla nos resulte lógico por el avanzado deterioro que progresa en todas las esferas de la vida de nuestra nación que no conoce etapas de prosperidad.
Quienes éramos adolescentes por aquellos años el tiempo nos ha dado la posibilidad de desmentir (nos). ¿Qué teníamos por aquel entonces? La inflación de la economía nos disfrazaba el valor del dinero con poder adquisitivo limitado por la oferta que el Estado no deja de maniobrar a su antojo en dependencia de sus intereses. Un solo mercado en La Habana ubicado en la avenida Reina ofrecía variedades de productos de primera necesidad que después de las inmensas colas se convertían en lujo. En el presente se multiplican los mercados con precios irrisorios escasos, variedades y las controvertidas colas que forman parte de la idiosincrasia del cubano.
Los ejemplos alegan que en comparación con los precios actuales de alojamiento en hoteles, antes de prohibir la entrada a los cubanos a estas instalaciones, podíamos por un costo racional hospedarnos en los mismos. Quienes podían ir por ese precio “sensato” son de la misma clase de los que hoy encuentran razonables los precios de las ofertas del Estado para el turismo nacional. Quizás hasta 24.00 pesos costaba una noche en un hotel de La Habana. Recuerdo que en mi etapa de estudiante solo pude reunir esa cifra en ocasión especial para ir al Copa Room del hotel Riviera pero tuve que deshacerme de la careta de buceo rusa que me había enviado mi hermana que por aquel entonces estudiaba en la URSS. En el presente esa cantidad de dinero pero pesos convertible (CUC) solo sirve para comprar alimentos esenciales para tres días. En pesos (MN) representa 1.00 cuc.
Para el interés del cubano que no da importancia el haber enviado al cosmos en una nave Rusa a un paisano, la producciones de bienes de consumo es el medidor de la economía domestica. Sin ánimo de profundizar en el ámbito económico y respetando el criterio de los entendidos, no recuerdo que Cuba haya producido bienes de consumo, ni siquiera temporales que despierten el interés de los cubanos. Solo la mencionada maniobra de la oferta deja libre la competencia a las producciones nacionales de mala calidad y precios descomunales. Así ha sucedido antes y ahora, la única diferencia es que en los años añorados por algunos los bienes (incluso duraderos como los ómnibus “Girón” o TV Caribe ) eran desaciertos Rusos , hoy son dislates Chinos pero los precios continúan inaccesibles.
Considero que hemos avanzado en un aspecto, con el lógico retroceso del Gobierno aun cuando no lo reconoce. En el plano de las libertades.
De forma involuntaria los gobernantes han tenido que mejorar en materia de democracia aunque cada acto de su política interna muestre insensibilidad en el tema.
En las décadas mencionadas poseer la Declaración Universal de los Derechos Humanos delito contra la seguridad del Estado, pasaron años para que dejara de serlo, entonces su distribución se convirtió en problema ( ya no delito) hasta conquistar cierta tolerancia. Estas pequeñas victorias han ganado terreno que merecen el reconocimiento de quienes las han cultivado. La suma de sacrificios es la que hizo ceder a la represión ante las Damas de Blanco y aceptar su manifestación pública en las calles. En un encuentro con varias Damas de Blanco les advertí que era la primera vez que el gobierno cede públicamente frente a la oposición, lastima que la Iglesia Catolica en la figura de su Cardenal haya empañado la victoria.
Pero estos avances lejos de dejarnos melancólicos por el pasado nos motivan al futuro. Es posible que quienes añoran las escaseces del pasado sean victima de la estrategia del gobierno de culpar al embargo económico de EUA contra Cuba y la actual crisis económica mundial de ser culpables de los retrocesos de la revolución. Sin percatarnos que el poder adquisitivo de los cubanos está ligado a la emigración que por los años setenta eran enemigos, terroristas , agentes de la CIA… y con los que no se podía tener comunicación ni alegando primer grado de consanguinidad.
Lo cierto es que los cubanos no sentimos la crisis económica porque nunca hemos sido ajena a ella o porque integramos la única nación del mundo que funciona sin economía . Nada se le puede quitar a quien nada posee. Entretenidos descubriendo los atrasos del mundo, consideramos la TV plana el salto hacia la prosperidad, mientras otros recuerdan las latas de carne rusa a punto de caducar mosqueadas en los mercados como símbolo de bonanza.
¿Qué época de prosperidad puede recordar las generaciones nacidas después de 1959? Se añora el progreso desconocido confundiendo la regresión actual con el retroceso del pasado. La realidad es que los cubanos no creen en el futuro, al menos a mediano plazo, ha sido tal la destrucción del país que las generaciones vivientes dudan poder levantarlo. El caos después del caos. ¿Qué hacer para enderezar el país? Los especialistas en economía pueden tener la solución pero como se levanta el ánimo perdido de las generaciones que están llenas de tiempos atascados que a la vez el ciclo de la vida reclama como perdido.

No hay comentarios:
Publicar un comentario